Científicas españolas en la Antártida

Así fue el viaje de cuatro científicas españolas a la Antártida

Por primera vez cuatro científicas españolas forman parte del programa Homeward Bound, que ha reunido en la Antártida a 80 investigadoras de todo el mundo para luchar contra el calentamiento global e impulsar la igualdad de género en la ciencia. Ellas han vivido en tiempo real los efectos del cambio climático, un problema que intentan paliar con su trabajo. “Y que tiene solución”, aseguran.

El programa Homeward Bound, es un programa de liderazgo y empoderamiento para mujeres del ámbito STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) que reúne a 80 científicas de todo el mundo para documentar las evidencias del cambio climático y su impacto sobre la mujer en las zonas más deprimidas del planeta, y que culmina con una expedición a la Antártida para comprobarlo en tiempo real y aprender de los equipos que trabajan allí.

“Es un proyecto diseñado por y para mujeres que plantea encontrar soluciones en la lucha contra el calentamiento global, una situación que les afecta más a ellas porque, entre otros motivos, cuentan con menos recursos económicos, lo que hace que sufran más sus consecuencias, por ejemplo, en el caso de las catástrofes naturales”, explica Alicia Pérez Porro, bióloga marina y una de las participantes en el proyecto, junto con Alexandra Dubini, experta en energías renovables, la oceanógrafa Ana Payo y Uxua López, ingeniera de telecomunicaciones.

Las cuatro han sido seleccionadas entre más de 300 científicas de todo el mundo por sus investigaciones a favor de la biodiversidad, sobre biocombustibles y energías limpias, y forman el primer equipo español que participa en esta iniciativa, el#Accionateam.

El objetivo de Homeward Bound es formar cada año a unas cien investigadoras en habilidades comunicativas, metodologías y estrategias que les permitan “asumir un papel de liderazgo en la lucha contra el cambio climático”, afirma Joaquín Mollinedo, director general de Relaciones Institucionales, Sostenibilidad y Marca de Acciona, empresa en la que trabaja Uxua López y que apoya el programa. “No se puede prescindir del talento del 50% de la población que somos nosotras, las mujeres. Necesitamos visibilidad y poder de decisión, tenemos muchísimo que aportar desde nuestra experiencia y creatividad”, explica Alicia Perez Porro.

Este viaje no solo les ha aportado conocimiento, también una experiencia que definen como indescriptible: “Lo ordinario es extraordinario en la Antártida, todo se engrandece, el paisaje es mágico, casi hipnótico, ningún vídeo o imagen puede reflejar lo que se siente allí”, dice Uxua. “Hemos convivido con científicas brillantes, aprendido mucho unas de otras”, interviene Alexandra Dubini, “ahora tenemos que aplicarlo a nuestras investigaciones y llevarlo a la comunidad científica”.

Culminar este programa con una expedición a la Antártida tiene una fuerte carga simbólica. Es un territorio tradicionalmente masculino al que pocas consiguen acceder; lejos queda la figura de Josefina Castellví, la primera española en participar en una expedición, en 1984, pionera además en liderar la Base Antártica Juan Carlos I, precisamente en la Isla Livingston. Ahora estas mujeres también quieren hacer historia, o más bien cambiarla de cara al futuro. “Según la encuesta Científicas en cifras 2015 -del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad-, el 63% de los españoles opina que las mujeres no estamos capacitadas para ser científicas de élite”, afirma Alicia Pérez Porro, “y si seguimos hablando de números, solo el 3% de los PremiosNobel se han entregado a una mujer desde que se crearon en 1901. En España apenas el 20% de los puestos estratégicos en laboratorios, centros de investigación y universidades está en manos femeninas”.

Un panorama poco alentador. Por eso, uno de sus objetivos es cambiar “el imaginario colectivo”, insiste Alicia, “que las niñas de ahora, que van a ser las mujeres del futuro, vean que podemos llegar a cualquier parte. Si nosotras alcanzamos visibilidad, el día de mañana una chica al abrir una revista o encender la televisión sabrá lo que hacemos, conocerá nuestras investigaciones y nos verá en la Antártida, y quizá diga a sus padres: ‘Esto es lo que yo quiero ser de mayor’. Si conseguimos esto, uno de los propósitos de este viaje se habrá cumplido”.

“Por la mañana hemos ido a la base Carlini, la estación argentina. Allí hemos podido conocer cómo el Ejército y los investigadores trabajan mano a mano. Nos ha sorprendido gratamente descubrir que la jefa científica es una mujer”, continúa su diario. Porque aunque la discriminación en el ámbito de la ciencia es bastante sutil, existe. “Te das cuenta cuando hablas con cinco o seis personas sobre el tema, siempre hay alguna que refiere experiencias de acoso más evidentes”, asegura Alicia Pérez Porro. La desigualdad queda también patente en las pequeñas situaciones del día a día. “Cuando doy conferencias me gusta maquillarme y ponerme vestido”, prosigue, “y lo hago porque en muchísimas ocasiones me han dicho: ‘Tú no pareces científica’. Eso siempre me ha indignado, así que pienso: ‘Voy a calzarme los tacones y a darte una supercharla, para que veas que sí lo soy’. Y que así, todas esas niñas que no quieren trabajar en esto porque creen que las que lo hacemos no somos femeninas sepan que no tiene nada que ver, se puede compaginar con ponerse guapa. Por supuesto también estoy a favor de las que prefieren subir al estrado con vaqueros y sin maquillar. Plantearte esta cuestión ya implica una discriminación, un hombre nunca lo haría».

“La base Palmer es la más pequeña de las que tiene Estados Unidos en suelo antártico. No solo hacen ciencia. Tienen más de 30.000 dvd, un jacuzzi en la terraza y nos han hecho un brownie que ni Eva Arguiñano. Solo unas 17 personas pasan el invierno allí, únicamente tres o cuatro de ellas son mujeres”, escribe el equipo desde la Antártida.

La media mundial de investigadoras es del 28%, a pesar de una previa paridad en las aulas universitarias. “Se habla mucho del techo de cristal, pero poco del suelo pegajoso, resulta difícil conciliar”, explica Ana. “Es muy sacrificado cuando nos convertimos en madres», asegura Alicia. “Alexandra y yo lo somos y lo sabemos bien”, agrega. Pero este viaje ha supuesto para ellas “una inyección de optimismo”. “Ahora tenemos una red de mujeres grande y bastante fuerza”, interviene Alexandra. “Un cambio es posible”, concluyen. En la ciencia y en el planeta.